Editorial No. 66

By: Alicia Arrom

Spanish and English

Ante los trágicos sucesos ocurridos en Japón se hace evidente que, además de la familiaridad con la catástrofe, hay elementos propios en su idiosincrasia que resultan dignos de destacar; con un alto sentido del honor y del deber, su cultura es la de mantener la vida lo más cerca posible de la moderación, y donde la gente no se desespera ni pelea entre sí, aun con la posibilidad cierta de encontrarse frente a un desabastecimiento de los productos básicos.

Lo que salta a la vista ante una tragedia de tal magnitud, es su espíritu de cooperación, que sobrepasa el de la supervivencia individual. Desde muy pequeños aprenden a vivir en armonía, a no causar problemas a los demás. Para ellos, la idea del orden no es una opción, porque no pueden concebir el desorden y el caos, sólo conciben su vida en sociedad funcionando en forma organizada. De modo que, mas allá de su capacidad económica, tienen en sí mismos los elementos necesarios para recuperarse del desastre, y así como lo han hecho antes, lo volverán a hacer.
'Todo desarrollo y progreso son los frutos de las luces de la virtud, de la cooperación y la concordia' *

Es ese espíritu de cooperación y concordia el que se requiere para difundir el Mensaje de Bahá'u'lláh, y de este modo eliminar la causa principal de tanto sufrimiento. Es el momento de aplicar todas las energías en la depuración de las condiciones espirituales que afectan al mundo, fortificados por la unidad de pensamiento y munidos con las actividades básicas, que constituyen el medio probado, indicado por el Centro Mundial a través de los Planes de Cinco Años para la transformación de la sociedad. Estamos capacitados para avanzar de manera organizada y sistemática en el proceso de expansión y consolidación de la Causa de Dios. Por medio de la implementación universal de las campañas delineadas por el Comité Zonal y conforme se desarrollan los acontecimientos, las actividades de esta Fe viviente irán acrecentando su ritmo de acción en la misma medida en que la desintegración del viejo sistema se intensifica. Todos estamos llamados a ser protagonistas.

Esta sagrada, trascendente misión que nos ha sido encomendada, es la mejor contribución que podemos hacer para aliviar al Japón y a toda la humanidad de su agobiante carga.

* Selección de los Escritos de 'Abdú'l-Bahá, pág. 292
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Given the tragic events in Japan, it is evident that, in addition to understanding the nature of the catastrophe itself, there are elements of Japanese culture that should be borne in mind. They are endowed with a high sense of honor and duty, and an important characteristic of the culture is to maintain, as much as possible, a life of self-control by which people do not despair or fight each other, even when faced with the real possibility of shortages of basic goods.

What is obvious in a tragedy of such magnitude, it is the Japanese spirit of cooperation, which surpasses that of individual survival. From a very young age the children learn to live in harmony, not to cause trouble for others. For them, the idea of order is not an option because they cannot brook the notion of disorder and chaos; they only view their lives as being organized and working together. So, beyond their economic capacity, within themselves they have the elements necessary for recovery from disaster and, as they have done it before, they will do it again.

"All development and progress are the fruits of the lights of virtue, cooperation and concord."*

This same spirit of cooperation and harmony is also required to spread the message of Bahá'u'lláh and, in this way, to eliminate the root cause of much suffering. Now is the time to apply our energies to bettering the spiritual condition of world, strengthened by unity of thought and by promoting the basic activities which are a proven means for the transformation of society, as indicated by the World Center through Five Year Plans. We have the capacity to move forward in an organized and systematic way in the process of expanding and consolidating the Cause of God. Through the universal implementation of campaigns outlined by Area Committees, as events unfold, the pace of the activities of this living Faith will speed up as the disintegration of the old order intensifies. Every one of us is called to participate.

To carry out this sacred, transcendent mission, entrusted to us, is the best contribution we can make to help Japan and all humanity with its overwhelming burdens.

* Selection of the Writings of 'Abdú'l-Bahá, pág. 292